AHORA MÁS QUE NUNCA, UNIDAD FRENTE AL ODIO
El deporte debería ser un espacio de convivencia, respeto y libertad. Pero no lo es para todo el mundo. Para demasiadas personas LGTBI sigue siendo un lugar marcado por el miedo, el silencio impuesto y la discriminación.
Este 19 de febrero, Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte, desde el PSOE Valladolid alzamos la voz con indignación y con firmeza: no vamos a permitir que el odio encuentre refugio en las gradas, en los vestuarios ni en las instituciones.
Esta fecha conmemora el nacimiento de Justin Fashanu, el primer futbolista profesional que hizo pública su homosexualidad. Su valentía abrió camino, pero también evidenció el altísimo coste personal que durante décadas ha tenido la visibilidad en el deporte. Hoy, demasiadas y demasiados deportistas siguen callando por miedo. Y ese silencio no es casual: es consecuencia directa de un clima social que algunos se empeñan en alimentar.
Vivimos un momento preocupante, con el avance de discursos reaccionarios que cuestionan derechos conquistados y legitiman la exclusión. La LGTBIfobia en el deporte no es una exageración ni una etiqueta ideológica: son agresiones, insultos, acoso, expulsiones encubiertas y jóvenes que abandonan el deporte porque no se sienten seguros siendo quienes son.
En España hemos avanzado, sí. Pero no lo suficiente. La prevención, la formación y la implantación de protocolos eficaces siguen siendo tareas urgentes, especialmente en el deporte base, donde se forman no solo atletas, sino ciudadanos y ciudadanas.
Y mientras tanto, en Castilla y León seguimos esperando una Ley de Igualdad LGTBI que garantice derechos y establezca medidas concretas contra la discriminación. Una ley bloqueada y paralizada por los gobiernos de la derecha durante dos legislaturas. Una vergüenza que sitúa a nuestra Comunidad a la cola en la protección efectiva de las personas LGTBI. Es inaceptable que Castilla y León sea la única comunidad que aún no ha desarrollado una norma integral con herramientas reales para combatir la discriminación.
Pero la gravedad no termina ahí. En Valladolid y su provincia estamos asistiendo a un repunte preocupante de acoso y violencia hacia personas LGTBI. Y frente a esta realidad, el Ayuntamiento de Valladolid, gobernado por Partido Popular y Vox, ha decidido ponerse de perfil. Peor aún: ha optado por marcar posición contra la diversidad con gestos políticos deliberados, como negarse a colocar la bandera arcoíris el 28 de junio.
No es neutralidad. Es una decisión consciente que envía un mensaje claro: que la diversidad molesta, que los derechos son discutibles, que hay ciudadanos de primera y de segunda. Y cuando las instituciones fallan en su deber de proteger y respaldar, el odio se siente legitimado.
No aceptamos lecciones de “libertad” de quienes recortan símbolos, borran compromisos y alimentan un clima de miedo. Sus decisiones construyen una Valladolid más desigual, más cerrada y más insegura. Y el deporte no puede convertirse en otro espacio donde el silencio institucional funcione como coartada.
Combatir la LGTBIfobia en el deporte exige algo más que declaraciones vacías. Exige tolerancia cero, respaldo explícito a las víctimas, recursos para la prevención y una posición política clara e inequívoca. Exige dejar de blanquear el odio desde las instituciones.
No vamos a normalizar discursos que cuestionan derechos fundamentales. No vamos a aceptar retrocesos. Y no vamos a callarnos.
El deporte debe reflejar los valores democráticos que defendemos: respeto, diversidad, igualdad y convivencia. La lucha contra la LGTBIfobia no es una causa sectorial: es una cuestión de dignidad y de democracia.
Ahora más que nunca, unidad frente al odio.
